Cuenta la leyenda que Waima, una mujer afgana se sentaba a escuchar las historias de las mujeres oprimidas y víctimas del conflicto en las casas de la ciudad de Kabul. Ese relato de la escuchadora es el que dio origen a la Fundación Waima de Medellín, la misma entidad que llegará con relatos de superación y artesanías al Bazar de la confianza, este 17 de julio en Medellín. 

Según Claudia Pareja Osorio, directora de Waima, la fundación es el resultado de escuchar las historias negras, blancas, oscuras de todas las personas que quieren ser escuchadas. Ella, con discapacidad cognitiva y su esposo con movilidad reducida, emprendieron en 2013 una aventura para acompañar a personas con discapacidad, con enfermedades crónicas, víctimas del conflicto por medio de emprendimiento social y liderazgo comunitario. 

“Fundación sin ánimo de lucro que nace en la comuna 3 de Medellín con la idea de apoyar desde el emprendimiento social y productivo a personas en situación de discapacidad, también a jóvenes y niños. Lo hacemos a través de las artesanías. Hemos capacitado a personas con discapacidad para que creen sus propias artesanías y generen ingresos desde la casa”, nos cuenta Claudia sin perder la sonrisa en su rostro y una energía incontenible, como si todo el tiempo estuviera feliz. 

Desde aretes, lapiceros con figuras mutiladas hechas con macilla, llaveros y pulseras es la bisutería que estará en el pabellón de Redes solidarias del Bazar. Durante los años, Pareja Osorio se dedicó a llevar este arte hasta los más vulnerables en el barrio Manrique Central y la ladera más alta de la ciudad: Bello Oriente, un sector popular ubicado más allá de donde alcanza la vista en la comuna 3, de la zona Nororiental. 

“Por ejemplo, a este lapicero, a esta figura le falta una mano, con ello estamos sensibilizando sobre el tema de discapacidad. Esto es una macilla que se moldea y lo hacen personas con discapacidad física, cognitiva y sensorial ¿cómo? Hay quien hace el forro del lapicero, hay quien lo pinta, hay quien le eche la cal, de esa manera intervienen varias personas para lograr este producto”, explica mientras describe el bolígrafo forrado con una figura masculina hecho por personas sordas, invidentes, con movilidad reducida o discapacidad cognitiva. 

Complementario a las manos que pintan, moldean, crean y sueñan con salir adelante en medio del arte manual, otro grupo de jóvenes, niños también reciben apoyo en procesos de liderazgo juvenil. 

Estarán en el Bazar de la confianza para hablar de comunicación asertiva, liderazgo, emprendimiento social y artesanías sin límites.